La alfombra más antigua del mundo es conocida como «Pazyryck» y puede ser visitada en el Museo Hermitage de San Petersburgo (antigua Leningrado) en Rusia. Está fechada científicamente con una antigüedad de 2.500 años y fue encontrada en 1947 en Siberia por el arqueólogo ruso Rudenko. La alfombra tiene las medidas de 190x210 cm. y está hecho con nudos dobles (turcos) conteniendo unos sorprendentes 347.000 nudos/m2.
Todo indica, por la sofisticación de la alfombra, que ya existían alfombras en fechas anteriores a la de su descubrimiento.
Por su buen estado de conservación después de tanto tiempo de existencia, la alfombra es ya una preciosidad; además de que a través de su estudio se verificó que en aquel tiempo ya se utilizaban los mismos procesos de confección que perduran hasta nuestros días. Es increíble como objetos fabricados con materiales aparentemente tan frágiles – como el barro, madera, lana, cerámica y muchos otros – consiguen sobrevivir por espacio de milenios, muchas veces expuestas a las fuerzas de la naturaleza.
La alfombra persa más antigua conocida, encontrada en el hielo – 2500 años
Las alfombras eran entonces fabricadas por las tribus nómadas del Asia Central y de Persia. Se usaba lana de carneros, cabras y camellos, animales que formaban parte de la vida de esas tribus en aquellos tiempos. El paisaje alrededor de donde vivían las tribus eran cromáticamente monótonos y por eso buscaban colores vivos y fuertes para colorear las alfombras, que servían más como protectores ante las noches frías que como artículos de decoración. En el mundo árabe, el uso de la alfombra se generalizó y cuando más tarde imperó la religión creada por Mahoma, la alfombra pasó a simbolizar un lugar sagrado donde el árabe se arrodillaba para rezar. Como los rezos eran frecuentes, cinco veces al día, los árabes cargaban sus alfombras donde fuera que fuesen.
Alfombras persas – colores vibrantes para compensar la monotonía cromática de la región.
En Oriente, las alfombras servían como decoración en las paredes y eran colgados en la pared como siendo demasiado preciosos para ser dejados en el suelo – cosa que acontece hoy en día. Iban al suelo únicamente en el momento de los rezos. Con Marco Polo, las alfombras comenzaron a ser conocidos en el mundo occidental. En ese momento ya eran utilizadas en el suelo de las mezquitas y en los palacios de los califas, como símbolo de ostentación de riqueza. En el contacto entre Oriente y Occidente, los monarcas orientales traían las alfombras como obsequios de enorme preciosidad. Y realmente lo eran.
Las figuras humanas fueron prohibidas por la religión después de Mahoma – señal de gran antigüedad para esas alfombras o tal vez un origen peculiar.
En la religión musulmana, no se realiza la reproducción de figuras humanas y es por eso que las alfombras persas no traen gravados de reyes, santos o soldados. Entretanto, las alfombras más antiguas – del período que antecede a Mahoma-, no recibieron esa interferencia y muestran figuras de personas en escenas que fueron retratadas de la misma manera como los pintores accidentales realizaban sus telas. Los pintores fueron los fotógrafos de la antigüedad y lo mismo ocurrió con todos los tipos de arte. Como los reyes no tenían fotógrafos, se hacían rodear de pintores para registrar sus ilustres vidas
El arte milenario de la alfombra persa acabó dando origen abstraccionismo.
Por esa restricción, la naturaleza está fuertemente presente en el arte musulmán y consecuentemente en la tapicería. Flores, pájaros, animales de todo tipo, así como un enmarañado de curvas y trazos que servían para espantar las cosas malas y que terminaron por inspirar, más recientemente, el surgimiento del arte abstraccionismo surgió cuando Inmanuel Kant (1712-1804) comenzó a pensar en como las alfombras orientales, con diseños formados por figuras sin significado, provocaban una sensación agradable.
Una obra de arte colocada en el suelo para ser pisada – cuidados especiales
Las alfombras persas siguen toda una simbología creada para representar los objetos y pueden ser distinguidos, por quién tiene conocimientos suficientes, por el uso de esos símbolos. A través de ellos se puede saber el origen y período de fabricación, a pesar de que la técnica sea prácticamente la misma en los dos últimos milenios. Los nudos están alineados horizontalmente y forman una trama vertical. Después se realiza un tundido en donde las puntas son eliminadas, formando la superficie de la alfombra. Exige habilidad y una creatividad que transforma las alfombras persas en figuras creadas por caleidoscopios, nunca repetidas. El instrumental es simple y un artesano común puede hacer hasta 1000 nudos por hora, trabajando a un ritmo febril. Eso puede parecer mucho, pero una buena alfombra tiene más de 50 o 100 nudos por centímetro cuadrado, lo que hace con que una alfombra pueda tardar años en ser confeccinada.
En los talleres domésticos, cerca de 20 chicas trabajan en telares bajo la dirección de un Salim, quien determina los diseños y todo el resto del proceso.
Otro problema es la coloración, casi siempre hecha en pequeñas cantidades de hilos para garantizar una gran variedad y durabilidad. El proceso es complicado y hasta hace algunas décadas eran utilizados colorantes vegetales, pues los colorantes y anilinas importados de Europa y de otros lugares del mundo eran prohibidos por ley.
El proceso, de cualquier forma, sigue recetas milenarias y el color final depende de una gran variedad de factores, como incluso la procedencia de la lana.